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Escritos: Revista Cultural

domingo, 31 de marzo de 2019

Revista de Ciencias Jurídicas Volumen III No. 1, pdf, descarga gratis

La Revista de Ciencias Jurídicas es una publicación trimestral de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, coordinada por el Departamento
de Ciencias Jurídicas. Está dirigida a estimular la investigación científica en el área jurídica y que los resultados divulgados respondan a las necesidades de la comunidad nacional e internacional. Contiene tres secciones fijas: Doctrina, Legislación y Jurisprudencia.

CONTENIDO


1- SEMBLANZA
Lic. Francisco Porfirio Veras Toribio

2- Doctrina
DERECHO CIVIL Y LABORAL .
Privilegio del salario: Conflictos con otros acreedores.
3- DERECHO PENAL
Ciberdelincuencia: La pornografía infantil en el ciberespacio.

4-DERECHO ADMINISTRATIVO
 La jurisdicción competente en las acciones de amparo     
contra la administración pública.

5-Jurisprudencia
DERECHO CIVIL
La prueba testimonial en materia civil y la “anulación”
realizada por la Suprema Corte de Justicia
del artículo 1341 del Código Civil.

6-Legislación
Convención sobre los derechos del niño.

https://drive.google.com/file/d/1pfaXmgyJkMW-N-aIACqikYIqlPzctDCh/view?usp=sharing

sábado, 23 de marzo de 2019

Cuentos Cortos con pantalones largos - Manuel del Cabral- Pdf, Descarga gratis

PALABRAS PRELIMINARES

Cuando he leído EL CENTAVO en teatros, aulas universitarias o en sitios más reducidos como los de ambiente familiar, pese a las diferencias y contrastes de niveles culturales y de los diversos gustos de los países en donde he dado a conocer el citado relato del que suscribe, todos los oyentes sin excepción coinciden en un símbolo central: el de la avaricia.
Pero hay algo más que esa primera impresión, pese a que la estructura literaria del relato es directa, o sea, que es de característica impresionista zebrada de realismo mágico. Aunque la atmósfera subjetiva que inunda el relato lo convierte en inesperadas sugerencias representativas, cuyos recursos fortalecen el irreversible propósito de sostener el símbolo de lo cotidiano a través de lo mágico.
Vamos, para mejor comprensión del lector, a transcribir el texto completo de EL CENTAVO.
Sequía, el avaro, no perdió dos minutos en dirigirse a su casa para guardar el último centavo que le cobró sin escrúpulos a uno de sus pobres inquilinos.
El usurero era frío. Su silencio era cruel, Su casa solo tenía un ruido: el oro de Sequía. Y una muda biografía: aquel centavo. Pero Sequía inquietose. . . Iba a ver el centavo diariamente. Y una mañana se despertó sorprendido, encontró que la moneda tenía el doble de su tamaño. Poco tiempo después,
el centavo ya no cabía en las manos ni en la caja de hierro de su dueño.
Pero, ¿a quién comunicarle un hecho tan útil, tan valioso? Su dueño pensaba que aquello podría ser su gran mina de hierro.
Sin embargo, fue inútil el silencio de Sequía. El centavo, en un rápido y extraño crecimiento, cubría ya la habitación de su amo, amenazando rajar y derrumbar las paredes de la casa. Desesperado, Sequía hace astillas su silencio, y como un agua sin cauce, sale su grito en busca de caminos. . . La calle hecha ojos, rodea al avaro, rodea a su casa. En tanto, el centavo, en una desenfrenada hinchazón, derriba el caserón y, de súbito, invade al pueblo.
Mas los picapedreros, las dinamitas. . . Todo ha resultado inútil . Pues donde al centavo se le quita un pedazo, crece inmediatamente renovando lo perdido.
La gente huye hacia el campo.
Se vuelven d e metal calles y plazas. No queda hondonada, ni agujeros, ni llanura. El centavo por minutos crece más y más. Ahora, su gran masa de cobre se desplaza hacia los fugitivos; por momentos, da la. sensación d e que aquella fuerza sin límites es un instinto, un impulso premeditado y dirigido, porque e l centavo es un huracán de hierro sin piedad. . .
Hombres y bestias huyen a las montañas. Y el mundo comienza a morir bajo aquella extraña mole.
Vegetación y agua han desaparecido. De pronto, la poca humanidad que quedaba en tierra alta ve a Sequía andando sobre la gran moneda. Y con las lágrimas que caían de la gente que estaba en las
montañas, Sequía, el avaro, se quitaba la sed. . ..

He ahí el texto completo de EL CENTAVO , cuyo tema, como un asediado tiro al blanco, fue acribillado en un diálogo con estudiantes de izquierda y de derecha, tanto norteamericanos como hispanoamericanos.. Pues, a pesar de la con fraternidad del dialogo, no se llegó a una conclusión definitiva en relación a dos de las claves, tal vez de mayores dimensiones o de más trascendencia eticopolíticosocial. Me refiero a las dos preguntas con que los estudiantes asediaron al autor del relato. Esas preguntas son las siguientes: ¿Simboliza o representa EL CENTAVO el poder universal del capitalismo y a la vez su decadencia, su corrupción y su precipitada caída? ¿ O simboliza y representa EL CENTAVO e  poder universal de la ideología izquierda, cuya unidad popular como fuerza de masa huracanada desplaza la minoría enriquecida y explotadora, y, como en Última instancia, obliga al verdugo a quitarse la sed con las lágrimas del explotado, para humillarlo? Creo que para llegar al meollo de este planteo, el método psicológico es el instrumento inevitable sin fronteras, sin pasión y sin preferencias.
En EL CENTAVO, al margen de los colmillos y ratones transparentes literarios que el estudioso puede encontrar por los túneles del texto, tenemos que penetrar con el cicerone de la INTUICION en el complicado y corrompido laberinto de las debilidades humanas. Y es allí donde podemos ver y encontrarnos con los porqués y con los cómos, los que constantemente luchan con genes que de repente salen por la rendija blanca de una sonrisa después de una batalla de intereses tan humillantes y vergonzosos como la acumulación inútil, pero eficazmente cruel, del oro de un avaro, o la clave de una ideología que cierra las puertas y se traga las llaves. Si no ejercemos esta clase de allanamiento psicológico, no seremos entonces ni lectores ni protagonistas de nuestro tiempo. El realismo mágico se nos queda en la superficie. La gran moneda aplastando al mundo se nos convierte en un a magia de juguete de Disney para niños, y no en lo que su adulto y asesino crecimiento significa. Sino penetramos en la misma mole planetaria de la moneda, no sabremos nunca el porqué, el secreto de aquellas lágrimas tan populares corno la muerte.
Si no penetramos en el vertiginoso crecimiento de ese metal que piensa, que tiene un  instinto tenaz y terrorífico, jamás sabremos el porque aquellas lágrimas bajaron de la montaña para quitarle la sed a su verdugo. Sí, para que no se muera el verdugo. Para que pague vivo el valor de ese CENTAVO.

Manuel del Cabral


https://drive.google.com/file/d/1AzyXqR2_TShgDjJG9URpa00VF8YwqRLQ/view?usp=sharing

martes, 26 de febrero de 2019

EL MITO DE LOS PADRES DE LA PATRIA (DEBATE HISTORICO)- JUAN ISIDRO JIMENEZ, pdf descarga gratis



El Duarte auténtico

Escribir o inquirir la verdad acerca del Pater Noster nacional puede considerarse una herejía en el país que él ideó. Juan Pablo Duarte, perseguido, repudiado, vejado, vilipendiado, amenazado con ser pasado por las armas, condenado como traidor a la Patria, advertido, conminado, execrado, desterrado, olvidado, aún no ha sido comprendido y desentrañado por los dominicanos. Se fabula sobre él y se llega a tratar como un ser abstracto, etéreo, asexuado, célibe, estéril, indiferente ante las pasiones humanas; como un santo de altar. Hasta se ha comparado a nuestro Apóstol con el Mártir del Gólgota. Se ha llegado al colmo de negar que alguna vez conociera mujer y se asegura que no tuvo descendencia porque faltan documentos probatorios, ignorando expresamente que sus documentos personales fueron incinerados por un pariente cercano y los que aparecieron fueron manipulados por manos extrañas. No se ponen de acuerdo. Muchos que hacen alarde de ser fieles duartianos son, en el fondo de su alma y, en efecto, verdaderos santanistas.

Para no «pasar por la molestia» de asumir al auténtico Duarte –quien es la piedra moral en el camino de los orcopolitas– los intelectuales comprometidos tratan de exaltarlo hipócritamente en aspectos baladíes o de escaso significado. Apenas mencionan el verdadero leitmotiv de su existencia. Fantasean acerca de su fisonomía, del perfil de su nariz, del color de sus ojos, la forma de su pelo; sobre una supuesta fortuna en Venezuela. Se mofan de su afán libertario perenne, pretendiendo ridiculizarlo como un simple sueño.

No obstante, raramente mencionan su constante obsesión de que la patria fuese soberana, libre de dominio extranjero y de la ambición de los traidores, quienes, desde siempre y aún hoy, pululan en ella. Hacen abstracción de su acendrado antiimperialismo, de su afán de que nuestro territorio no fuese hollado, dominado, vendido, «protegido», anexado, abusado o destruido por fuerzas extrañas o grupos privilegiados. No se hace referencia a la profecía duartiana, empeño de toda su vida, de que se hundiría la Isla de no eliminarse las sabandijas que destruyen el país.

El Duarte auténtico debe ser plenamente conocido y reverenciado. El pueblo dominicano –poseedor de una intríseca vocación y voluntad libertaria– no merece una caricatura de su progenitor. La polémica histórica dominicana. Nuestra nación se caracteriza por tener una población en extremo paciente y tolerante. Un indicador de ello es que, durante toda nuestra historia como nación, hemos sufrido prolongados períodos bajo la férula de gobiernos despóticos e intervenciones u ocupaciones militares por potencias foráneas, cuya despiadada crueldad hemos soportado estoicamente. Hasta que, un buen día, un sector del pueblo dice «ya basta». Y entonces, de alguna manera –hartas veces heroicamente– somos de nuevo libres. Desaparecen por un tiempo esas férulas y disfrutamos de un respiro. Luego, sobreviene otro período de mano fuerte, traición y sometimiento. Y así, sucesivamente...


Mientras tanto, el sector letrado se solaza con polémicas históricas protagonizadas por gladiadores de altos kilates. Recordamos el intercambio intelectual entre dos gigantes: Manuel de Jesús Galván, autor de nuestra primera novela cumbre, Enriquillo, y el Historiador Nacional José Gabriel García, quienes entre 1889 y 1890 sostuvieron un enriquecedor encuentro epistolar acerca de las bondades e inconvenientes de la ignominiosa anexión a España que gestionó y obtuvo el general Pedro Santana, primer dictador criollo. Todos conocemos el desenlace de esa entrega de la Patria: La gloriosa Guerra de la Restauración y el comienzo de la Segunda República. Durante la tiranía de Ulises Heureaux hubo discusiones sobre quién es el verdadero Padre de la Patria: Juan Pablo Duarte o Francisco del Rosario Sánchez. El asunto se resolvió de manera salomónica, aunque arbitraria e ilógica. El tirano Lilís sentenció: “no me meneen los altares, que se me caen los santos» (sic), dictaminando que nuestros progenitores eran tres, en lugar de uno. Había creado una trilogía de patricios, siendo el tercer miembro el héroe del trabucazo del 27 de Febrero de 1844, el general Matías Ramón Mella. Desde entonces, la sociedad dominicana y los gobiernos subsiguientes han acatado ese úcase avalado por un congreso sumiso. La búsqueda de la solución sobre nuestra paternidad se revivió cuando, en 1969, el doctor Carlos Sánchez y Sánchez, bisnieto de Francisco del Rosario Sánchez, y un admirador del Mártir del Cercado, el licenciado Ramón Lugo Lovatón, autor de una voluminosa biografía del heroico personaje, removieron el asunto al responder acremente al doctor Juan Isidro Jimenes Grullón, político y sesudo analista, quien había tildado de «traidores» a dos de los alegados patricios, iniciándose un candente debate epistolar recogido por el periódico El Nacional de ¡Ahora! y la ejemplar revista ¡Ahora! El debate fue suspendido provisionalmente por el médico polemista Jimenes Grullón con la publicación de su libro El mito de los Padres de la Patria, editado en dos ocasiones por la Editora Cultural Dominicana, y que fuera acompañado por un juicioso prólogo presentado por el abogado e historiador Julio Genaro Campillo Pérez. Ambas ediciones se agotaron de inmediato, y no existen al día de hoy ejemplares en circulación.

Acogiendo insistentes solicitudes, el Archivo General de la Nación ha hecho el inteligente esfuerzo de poner, de nuevo sobre el tapete, el tema de ¿quién es el verdadero Padre de la Patria? Para que la presente generación de dominicanos pueda aquilatar los alcances y proyecciones de este apasionante asunto. El volumen que presentamos hoy incluye una reedición de El mito de los Padres de la Patria, de Juan Isidro Jimenes Grullón, y un apéndice que compendia los debates y opiniones de valiosos eruditos. Reaparecen los argumentos presentados por los mencionados admiradores de Sánchez y otros preparados por el profesor Juan Bosch, el licenciado Víctor Garrido Puello, don Máximo Coiscou Henríquez y Oscar Gil Díaz. Es significativo el hecho de que los participantes en esta discusión epistolar han fallecido lamentablemente, a excepción de don Ismael Hernández Flores, profesor universitario, quien en dos breves ensayos resumió magistralmente el alcance y la proyección de la polémica.

En esta reedición de Los mitos de los Padres de la Patria se ha actualizado la estructura de la publicación original, aun cuando en la transcripción de los textos se han respetado los diversos estilos de los autores. Hemos incluido, además, la «Presentación del autor», del Dr. Vetilio Alfau Durán, aparecida en la segunda edición.

Rendimos tributo de agradecimiento a todos ellos por habernos favorecido con sus valiosas opiniones y datos que enriquecen el importante tema sobre nuestro origen como nación. También reconocemos en su justo valor a la extinta Editorial Ahora, por habernos permitido la materialización de esta presentación.

Antonio Thomén

https://drive.google.com/file/d/1jDk8pJZ8K4px-Pl7kgrO_pBSTKt0auzC/view?usp=sharing

miércoles, 20 de febrero de 2019

EL TERROR COMO ESPECTACULO -(Ensayo)- ENRIQUILLO SANCHEZ, pdf, descarga gratis


 UN ESTUDIO SOBRE EL FIN DE LA EPOCA POSTMODERNA

LA NUEVA ÉPOCA

Fue Sartre quien escribió en los años ardientes: «Nous ne voulons rien manquer de notres temps». Como era de rigor, la frase estaba escrita en primera persona del plural. Fue una fiesta de la que (<<nosotros no queremos perder nada de nuestros tiempos».) todos participábamos ySartre, desde luego, incluía a sus lectores en ella. No los dejaba fuera. Escribía en nuestro nombre y nos convocaba a las estremecedoras liturgias y a los ritos apremiantes de una actualidad que sentíamos hacer con nuestras conductas y nuestras palabras. Tales palabras, claro está, pertenecían al autor de El ser y la nada, pero pasaban por ser nuestras palabras. El autor nos las prestaba. Era el hechizo de la literatura y, sobre todo, del engagemellt.

Todos teníamos un lugar en la literatura comprometida, aunque fuera el de corifeos y amanuenses del Otro, de esa alteridad imaginaria y ética que consumíamos como discurso de la rebelión establecida, clamorosa paradoja que sin embargo fue la primera nota del siglo XX, hasta que las metanarrativas se derrumbaron como un castillo de naipes y se diluyó el orbe en el que vivíamos sólo para decapitar ese otro orbe supremo del capital en el que, al parecer, no hallábamos lugar porque era el reino elocuente de la iniquidad.

De esa elocuencia -de esa iniquidad chillona- vivíamos cada uno de nosotros; de el1a nos alimentábamos para ser héroes. En esa medida, todos éramos autores. Siempre se trató de eso. No podíamos discernir con precisión ni claridad, ahogados por el embrujo del poema que se nos proponía, y estábamos dispuestos a salir a la cal1e y a dar la vida con adoquines sangrientos por las palabras, esos pequeños animales fogosos de la revolución permanente que nos constituían ynos proporcionaban la densidad y la identidad ficticias.

El texto, también, era nuestro. Estábamos hechos de palabras. Razones, consignas, versos: éramos texto, textualidad, escritura. Seguíamos un libreto mágico en el cual el mayor sortilegio era encontramos recogidos de pies a cabeza, como si el Autor nos hubiese dictado sin tachaduras ni vacilaciones. No había distancia entre nosotros y"nuestras" palabras. Recibíamos la realidad ya escrita, razonablemente escindida en villanos y benefactores, y henchida de palabras irresistibles. Escribíamos una canción planetaria que los puños al viento defendían con temeridad contagiosa y sin duda convincente, arrebatada.

Fuimos, entonces, en el torbellino indeleble de los años sesenta, personajes de una pieza que heredamos montada. Cuando salíamos al ruedo o al proscenio, el libreto ya estaba ahí, desde-siempre-y-para-siempre-ahí. Éramos un discurso, un airado discurso en el que bastaba adherirse a las sabias y omnipotentes leyes de la historia para vivir con buena fe y marchar así hacia adelante. ¿Hacia adelante? Hacia donde nos dirigieran las leyes de la historia, que eran las preceptos ylos pretextos abrumadores y ciegos de nuestra propia espiritualidad.

No había fronteras. Hacíamos el amor en la alcoba pública. Recitábamos nuestros parlamentos sin distinguir bien entre Freud, que atestó los lechos, ni Marx, que nos había armado hasta los dientes. Pablo Neruda prodigó las herramientas del erotismo de que carecieron los oráculos de las grandes narraciones, y nosotros fingíamos ser esos poetas -esos héroes- que colman el mundo de música. Para Fidel Castro, en la olvidada y sepultada Segunda Declaración de La Habana, los héroes tenían «los puños calientes de deseos de morir por lo suyo».

Sartre escribía y nosotros éramos sus lectores autorizados. Estar autorizado era estar escrito. Cualquier buena literatura, sobre todo si es literatura moral, actúa por lo común de tal guisa. No concede treguas, coartadas ni matices. Si nos hubiese dejado fuera, no habríamos sido sartreanos. Fue una pasión que nos incluía sin permitimos saltar a los márgenes. Debíamos estar dentro, ajenos a nuestro destino de criaturas verbales y poéticas que izaban una bandera entonces eterna, inmortal, indeleble. La naturaleza misma de la historia, como fuerza geológica, nos obligaba a estar a favor o en contra.

Tomar partido era el signo de los tiempos. Lo sorprendente, en cualquier caso, era que Sartre encontraba pormenores retóricos indiscutiblemente amables, y de probada e ineludible seducción, pero ahora sabemos que se trataba sólo de pormenores. El verdadero juego ya había sido jugado. Nuestro único papel era el de sumamos al desenlace y engrosar las filas crecientes y aguerridas de la literatura. El siglo XX fue el siglo de las literaturas.

Fue salvajemente retórico. Nadie fue sin su poema. De esas antiguas pasiones, de esos anfiteatros, de esas narraciones feroces hemos salido, acaso maltrechos ypor supuesto marcados. Nada cabe
exorcizar hoy. Ni la propia vida ni las propias andanzas se exorcizan. La única alternativa, en cualquier caso, consiste en leerlas. Leernos, en los primeros años del nuevo milenio, es una tarea acuciante, ardua y festiva, que obliga a un perpetuo y jubiloso cambio de piel. No podemos ser Sartre ni lectores comprometidos de Sartre. El compromiso fue una religión que perdió sus oficiantes. Había nacido en 1947, con ¿Qué  es la literatura?, y resistió hasta 1989. Tal vez cuarenta y dos años son pocos para una religión. O demasiados años, si tomamos en cuenta que las religiones modernas se caracterizaron por nacer y desaparecer ante nuestros ojos.

La saga apasionada nos retribuyó con creces. Nos proveía un lenguaje, un ethos, una imaginería. Fue un universo de álgebras evidentes. Podíamos andar a oscuras por él y reconocer los bultos de sólo tantearlos en la oscuridad. Era posible vivir a tientas. Ahora hemos sido arrojados fuera de la página. Las evidencias han desaparecido. Somos invidentes en el ilegible espectáculo de una inédita luz insumisa.

¿Quién escribe para nosotros? ¿Quién escribe por nosotros? ¿Dónde están los Autores? ¿Quién nos prestará las palabras? Lo cierto es que ha concluido la Obra en los fluviales anfiteatros de la pasión y que nosotros somos los huérfanos enmudecidos de la historia. La Historia, con mayúscula, ha terminado, pero no como lo esperaba Hegel. Bastaba la Razón para que existiera la Historia, y no es sino la Razón la que ha sido derrotada, sin excluir la razón instrumental, herida en sus símbolos y en sus encarnaciones emblemáticas.

Vivimos hoy en el más patente e inextricable de los mundos y estamos urgidos a escribirlo -a confundirnos con él sin perder la distancia ni el gozo de permanecer fuera-, haciendo tabla rasa de los guiones encendidos del pretérito y de sus viejas cantatas elementales. Sólo nos estará permitido ser lectores, no héroes autorizados del poema colectivo. Porque es aún más salvaje, el mundo es más dócil, pero además menos transparente. Porque hemos perdido todas las ilusiones y las gratas inocencias de antaño, para cerrar así una prolongada, fatigosa y fastidiosa educación sentimental, seremos autores de nosotros mismos y de nuestros intransferibles fantasmas. O no seremos. Es la disyuntiva de los nuevos tiempos, que comenzaron sin equívocos el 11 de septiembre de 2001.

Éramos literarios, retóricos, declamadores, y ahora somos desafortunadamente reales, ostensibles, palmarios. Nada nos ata hoya la gramática de la insurrección ni a los folios abrasadores de la utopía y el paraíso. Hemos perdido los beneficios de la imaginación emancipadora y el aura generosa de las sagradas escrituras. Un ethos diáfano y sin escapatorias nos permitía vivir en las fronteras mismas de la ficción poética, provocando incendios que apenas devoraban algunas inciertas trincheras metafóricas, pero en las que postulábamos de todas maneras una metafísica de alcances universales. El texto, como los fantasmas, recorría el mundo, mientras nosotros, con ellos o tras ellos, recorríamos la página, la plaza o la alcoba.

Enriquillo Sánchez

https://drive.google.com/file/d/1hcwjBc8xv5q8xB7Mp8c134BMQPiVAsGZ/view?usp=sharing

sábado, 16 de febrero de 2019

Tengo palabras - (Poesía) -Antonio Fernández Spencer, pdf, descarga gratis

En reciente homenaje que le rindió la Tertulia Literaria Hispanoamericana, creada en España por Fernández Spencer en 1952, el poeta Rafael Morales, profesor de Historia de la Literatura de la Universidad de Madrid, expresó; "Pero el más hondo libro publicado por Fernández Spencer es, para mí, Diario del Mundo.

"Y por último, Fernández Spencer ha escrito dos libros aún inéditos - Tengo palabras y Otra vez en la tierra-, y en donde, a la vez que en Diario del mundo, culminará señera, personal, humanísima la voz encendida de este gran poeta de América.

"El primero de ellos, Tengo palabras, ha sido escrito en 1965-1970. Se trata de un libro extenso, en donde otra vez, reverdecidos por nuevas conquistas expresivas, volvemos a encontrar las viejas preocupaciones del poeta; preocupaciones, pienso yo, que podríamos reducir a una sola sintetizadora de todas: a un cálido canto de amor; amor a los padres,arrebatados por el zarpazo de la muerte; a la muchachas frutales y hermosas; a la humanidad triste y desamparada en su Gólgota; a la naturaleza que destruimos infatigablemente.

"Hondo, conmovedor libro éste de Femández Spencer, donde a su vieja ternura; donde a sus cantos a muchachas cuyos senos arden -dice el poeta- "como dos copas de coñac", donde a sude los libros de poesía de Antonio Fenández Spencer o La publicación de sus libros ha constituído un acontecimiento para sus lectores en nuestra lengua desde que obtuviera en Madrid en 1952 el Premio Adonais por su obra poética Bajo la luz del día otorgado por un jurado que presidía Vicente Aleixandre, hoy Premio Nóbel de Literatura de 1977,y poetas y críticos de renombre en la lengua, y fuera de ella, como José Luis Cano, Florentino Pérez Embid, José Antonio Muñoz Rojas y Luis Felipe Vivanco.

El poeta tardará diez y siete años en volver a un concurso literario. en Madrid, España, y en 1969 obtuvo el Premio Leopoldo Panero de poesía, por decisión de un jurado constituído por Guillermo Díaz- Plaja, Luis Rosales, J osé Hierro, Torcuato Luca de Tena, Gregorio Marañón, Hugo Lindo y José Ruméu de Armas.

En Santo Domingo publica Vendaval interior. primera muestra surrealista de la poesía dominicana. Movimiento que llega a ese país con la Segunda Guerra Mundial, como llegaba entonces a Inglaterra y a Grecia. En 1967, el Ateneo Dominicano, para contribuir a la conmemoración del Centenario del nacimiento de Rubén Darío, publicó su libro Noche infinita. De ese libro dijo el crítico don Manuel Valldeperes que bastarían sus sonetos para situarlo entre los grandes poetas de hoy, "sin olvidar, claro está, las ponderadas y magníficas décimas de su bello libro".

Publicará en 1962 su libro Los testigos. Que lo sitúan, según el crítico colombiano Ramiro Lago, entre los poetas más notables de la poesía de combate '1 de protesta producida en América desde la colonia, "el mester de rebeldía", como bautiza al género ese crítico y profesor de la Universidad de Notre Dame, Indiana, y de la Universidad de Carolina del Norte, en Greensboro. Al comentar Los testigos. Valldeperes expresa que el poeta "no olvida que la poesía es uno de los pocos valores éticos que nos quedan, porque de ella nos viene  tres lecciones fundamentales, esenciales a la vida del hombre actual: la lección del sufrimiento, de la fraternidad y, sobre todo, la lección del amor".

Fuente: Tomado de la Solapa del mismo libro.

https://drive.google.com/file/d/1KWmtpTb7-8tFe1LFNBoBswo3Pyco31g2/view?usp=sharing

jueves, 7 de febrero de 2019

Lucinda Palmares-(Novela) -Diognes Valdez, pdf, descarga gratis


POR CLARA SILVESTRE

El escritor Diógenes Valdez reconoce que el hecho de haber obtenido un premio por su primer cuento “El silencio del Caracol”, en 1978, cambió su destino, porque eso vino a reforzar la creencia de que estaba caminando por el camino correcto, y que se estaban dando las circunstancias y las posibilidades de convertirse en un escritor.
Hoy, luego de 11 novelas y alrededor de 90 cuentos concentrados en 5 libros publicados, que también han merecido premios y distinciones, recibe el Premio Nacional de Literatura con gran satisfacción y con muestras de agradecimiento para quienes reconoce dieron aliento a sus aspiraciones literarias.
A la interrogante de que si en estos momentos se siente más novelista o más cuentista, responde que las cosas son por igual, “el cuento da mayor satisfacción, porque es un género más exigente que la novela, pero la novela exige un poder de concentración mayor aún y un aliento también más duradero”.
Valdez define al escritor como una especie de conciencia de la sociedad, que debe reflejar los problemas sociales, sin hacer ningún tipo de concesiones, como si fuera la conciencia crítica de su época. “Tenemos el caso emblemático de El Quijote, que es la crítica a la sociedad de su época, y ha sido tan importante que todavía sus ideas, propósitos y proyección didáctica se mantienen, y creo que tomando ese caso como ilustrativo, el autor y su obra debe reflejar todos los problemas de su sociedad. Lo importante es obligar a esa sociedad a que tome conciencia de que está enferma, que tiene problemas y busque los correctivos de lugar. Yo creo que ese es el gran valor de un escritor”.
Como una gran característica en sus últimos libros, reconoce que la mayoría de los dramas que retrata en sus novelas están tomados de la realidad. “Creo que la realidad es mucho más rica que la imaginación, y esa realidad está tomada con tal verismo que a veces utilizo hasta los nombres propios de las personas que vivieron esas situaciones. Entiendo que los personajes empiezan a vivir realmente con sus verdaderos nombres”.
Destaca que más bien trata de plasmar realidades, respetando la dignidad de las personas, porque se trata de novelas que se alimentan de la vida real, aunque aclara que a veces algunas obligan a modificar puntos, porque sencillamente no funcionan en las relaciones de los personajes inventados.
En su primera novela “La telaraña”, publicada en 1980, expone sobre su infancia y lo que vivió en su hogar, pero reconoce que en ese entonces tenía temor de que su familia pudiera verla y se identificara, entonces es que disfraza todo de manera que si lo leían no se descubriera la situación. “Fíjate, ya yo puedo hablar con sinceridad. Llega un momento en la vida en que uno oculta cosas, pero cuando uno pasa de los 60, como hoy que tengo 64 años, y se ha vivido tanto, uno no tiene que cuidarse. En mis primeros tiempos, mis cuentos eran fundamentalmente políticos, de crítica a la sociedad y las instituciones, pero ya yo he calmado mis ímpetus con el paso del tiempo”.
Entre sus novelas le gusta mucho “Tartufo y las Orquídeas”, y aunque recientemente Manuel Mora Serra, jurado del premio que hace dos meses recibiera por parte de la Universidad Central del Este, con la novela “El cisne enfermo”, considerara ésta la mejor de todas, expresa que la anterior le llenó mucho.
CONFESIONES
“Nunca me sentí defraudado, porque supe encontrar voces de aliento. Cuando escribí mi primer cuento, como se dice vulgarmente a la bartolina, fue entonces cuando Manuel Rueda lo leyó y me dijo: ¿Esto no es un cuento? ¿Tú no has leído los apuntes de Juan Bosch sobre El arte de escribir cuentos? Entonces fui a leerlo y dije: ¡Es verdad!, entonces te puedo decir que he tenido suerte, porque he encontrado gente en etapas decisivas que han sabido orientarme de una manera positiva, y se lo agradezco de corazón a todos ellos”.
Antes de publicar su primer libro, Diógenes Valdez había publicado algunos cuentos en diarios de circulación nacional, los cuales considera perdidos, aunque sabe donde están, pero entiende que son el producto de una etapa inmadura.
PLANES
Entre sus planes está integrarse a las actividades culturales de Santo Domingo, y como primer paso retomará la practica de colaborar con los periódicos. En el pasado escribió crónicas de libros y ensayos breves. Ha publicado alrededor de 50 artículos.
Asimismo lleva bien avanzado un proyecto que abarca todos los cuentos de Juan Bosch, otro libro de cuento que pronto saldrá a la luz pública, entre otros que espera encontrar la tranquilidad y la paz social para hacerlos, porque luego de llevar 37 años trabajando para el Estado dominicano, hace poco fue despedido, lo que considera una injusticia ya que según el Código Laboral lo que procedía era una jubilación o una pensión automática.
En ese sentido, afirma que el premio ha llegado en el mejor momento.
UN MOMENTO TRASCENDENTAL
Diógenes Valdez tiene un gran sueño que no ha realizado. Se trata de regresar a ese lugar donde nació su vocación literaria, porque a su entender tal vez fue la época más feliz de su vida. Ese contagio con la literatura como lo llama, surgió estando en Uruguay, donde fue a estudiar la carrera de ingeniería.
¿Y a qué se debió el cambio de una carrera tan diferente como es la ingeniería hacia la literatura? “Primero, estaba muy lejos de mi país, y segundo era hijo único y estar tan lejos, hizo que me sintiera abandonado y tocado por la nostalgia, y mientras esperaba a que me llegara el pasado de regreso, un compañero de habitación me prestó un libro que por suerte era de un escritor dominicano que vivía en Buenos Aires, se trataba de Manuel del Cabral.
Se sintió tan conquistado por la poesía de Manuel del Cabral, que considera que lo contagió con la literatura, la que no ha podido abandonar hasta el día de hoy.
“La creación de una obra literaria comienza con una mortificación. Uno empieza a tener el tema en la cabeza y cuando logra sacarlo se siente liberado”, señala.
MAS PERSONAL
Diógenes Valdez nació en San Cristóbal, en donde vivió su infancia y parte de su adolescencia. Cuando viene a Santo Domingo reside en el Ensanche Ozama, donde dice haber tenido una magnífica experiencia, al punto de que de ahí es que sale su tercera novela: “Tiempos revocables”.
Obtiene una beca por lo que va a vivir a Montevideo, Uruguay. Allí estudia por espacio de tres años ingeniería industrial, pero antes de terminar la carrera regresa al país, decidido de manera firme a ser un escritor.
Al referirse a su familia, enseguida habla de sus dos nietas y su hija, que al igual que él es hija única. Al respecto, externa que el hecho de haber sido hijo único le hizo sentir bien porque en cierto modo copó todo el cariño de su madre y sus tías. Su padre tuvo otro hijo, pero ya adulto y graduado de ingeniero murió. “Me pongo triste cuando lo recuerdo porque sentía una especial adoración por ese hermano, y cuando me sentía tan feliz por tener un hermano volví a ser hijo único. La vida está llena de cosas, algunas son para que te sientas feliz y otras tristes. Creo que ambas cosas son necesarias, no podríamos apreciar la felicidad si no conociéramos la tristeza”.
OBRAS PUBLICADAS
– Cuentos:
 El silencio del Caracol, Premio   Nacional 1978.
 Todo puede suceder un día, Premio Nacional 1982.
 La pinacoteca de un burgués, Premio Nacional 1992.
 Motivos para aborrecer a Picasso, Premio Nacional 1998.
 Acta est fábula, Premio Nacional 2000.
– Novelas:
La Telaraña, 1980.
Lucinda Palmares, 1981.
Los tiempos revocables, Premio Siboney 1983.
Tartufo y las orquídeas, 2000.

https://drive.google.com/file/d/1ZzkWkpDpjtwHKkaK1mfBkiF7D9ayqFmT/view?usp=sharing

viernes, 25 de enero de 2019

El ideario de Juan Pablo Duarte


Los ideales y la acción de JUAN PABLO DUARTE, hicieron posible la independencia y creación de la República. También forjaron la conciencia nacional, de que podíamos ser completamente libres de toda dominación extranjera. El dominicano tuvo suficiente valor para derrotar todas las invasiones de los países que ambicionaron nuestro territorio.

Asímismo, él predicó con su palabra y vida ejemplar para que fuéramos justos, honestos, laboriosos y unidos, para así poder lograr al fin, un país feliz, además de libre e independiente. El Instituto Duartiano labora para que sus enseñanzas y ejemplo les lleguen a todos los dominicanos. Duarte lo sacrificó todo por nuestra causa. Justo es que le recordemos con veneración como el Padre de la Patria.
PROF. JOSÉ JOAQUÍN PÉREZ SAVIÑÓN
Presidente del Instituto Duartiano
 
https://drive.google.com/file/d/1Xw0Pl3lmuEHEeRoXJbtgwZrTNrPSZ4nx/view?usp=sharing
 

jueves, 24 de enero de 2019

Proyecto de Constitución de Juan Pablo Duarte


Publish at Calameo

El proyecto de Constitución de Duarte
El Patricio asumió la trascendental misión de despertar  una nación dormida y

Su Proyecto inconcluso de Constitución revela que Duarte tenía un sólido conocimiento en asuntos constitucionales, y que conocía el pensamiento de los principales teóricos del
constitucionalismo y de algunas constituciones de carácter liberal y democrática.

El manuscrito que ha llegado a nosotros es de apenas diez páginas. Lo conocemos por Rosa Duarte, que  nos confiesa que cuando su hermano diseñaba la bandera al colocar la cruz blanca entre los cuarteles azules y rojos, símbolo  de la unidad del cristianismo,  se produjo una discusión entre Duarte y varios de sus compañeros que no creían en su idea de la unidad de todas las razas y que en rapto de incomodidad rompió la Constitución que escribía, de la que pudo salvar y legar a la historia las referida páginas. Ese Proyecto debió ser escrito en el período de marzo y julio de l844, pues se ha de recordar  que en el primero regresó al país del exilio y en el segundo fue expatriado por Santana. Al parecer el Patricio lo había hecho para proponerlo a la asamblea constituyente que al fin se reunió en San Cristóbal sin la presencia del Fundador de la República, injusta y violentamente expulsado del país por el referido déspota.

La noción de la Ley
Llama la atención l concepto de la Ley que el Patricio tenía, la cual está encuadrada y sustentada en el pensamiento más progresista y avanzado de su tiempo, es decir, el liberalismo democrático. Para Duarte es en la Ley y no en las conveniencias de los gobernantes, “en donde hay que encontrar el hilo conductor, insustituible, que habrá de coordinar y armonizar el juego de los intereses individuales y de las aspiraciones comunitarias”.

De conformidad con Rousseau, Duarte consideró que la Ley ha de emanar de “la sola autoridad legítima existente”; a saber: “el Poder soberano del pueblo”, y que ella  debe regir en un plano de igualdad “así a los gobernados como los gobernantes”, tanto a las clases avasalladas como a la clase dominante. Ella es la que “da al gobernante el derecho de mandar”, pero es también la que “impone al gobernado la obligación de obedecer”.

Y la autoridad que no está  constituida de conformidad con la Ley es ilegítima, lo cual tiene como consecuencia, que no tiene derecho a gobernar ni el pueblo está obligado a obedecerla. El gobernante que asume el poder de conformidad con la ley puede caer en la ilegitimidad cuando la desconozca o la viole, y en este caso no puede ser obedecido. Así Duarte encuadra su pensamiento en Roberto Belarmino, quien consideró que un gobernante puede ser legitímo en sus orígenes, pero ilegítimo en sus ejecutorias.

A consecuencia de lo anterior, percibimos también  en Duarte la idea de que el Poder ha de estar limitado por la Ley, y ésta “por la justicia, la cual consiste en darle a cada uno lo que en derecho le pertenezca” . De esta manera el Padre de la Patria restaura el principio del suum cuimqunque tribure, a cada cual lo suyo, que Aristóteles ha definido como la base de la justicia distributiva, como un factor de estabilización social, y que más adelante Ulpiano lo recogerá como un principio básico del derecho positivo.

El Patricio, como bien ha observado, Joaquín Salazar, con impresionante acierto, convirtió la referida  noción del filósofo de Estagira del “a cada cual lo suyo” en “una norma de aplicación coercitiva que deja sin sentido las implicaciones negativas que se desprenden del concepto de la explotación del hombre por el hombre”, y este principio “lo convierte en la base de una muy bien fundamentada concepción de la justicia social”.

La idea de la igualdad

El principio roussoniano de la igualdad y la definición de ésta dentro de la legalidad y en contra de los privilegios aristocráticos es una de las principales ideas del pensamiento
liberal democrático. La cual se expresa en el principio de la generalidad de la Ley y en el desconocimiento del fuero personal del clero y el ejército, aunque en nuestro país y en muchos Estados hispanoamericanos, los militares mantuvieron sus privilegios corporativos.

Esta idea roussoniana, y la noción de la Ley elaborada por Monstequieu, se caracteriza por ser general y universal: “La Ley es igual para todos sin distinción de personas y sexos”.  Estas ideas son muy perceptibles en Duarte, forman parte del instrumental teórico que utilizó en el diseño de su proyecto de Carta Magna.
sumida en el desaliento y la desesperanza, y a formar conciencia de la viabilidad de su independencia, realizada la gran epopeya nacional el 27 de febrero de l844, dio inicio a la gran tarea histórica de asegurar el funcionamiento del naciente Estado, pues no bastaba sólo con el logro de su emancipación, sino que era necesario establecer los sillares ideológicos y delinear los elementos  ideológicos organizativos de la nueva entidad política.


Fernando Pérez Memén


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miércoles, 23 de enero de 2019

La ideología revolucionaria de Juan Pablo Duarte - Juan Isidro Jimenes Grullón- pdf descarga gratis

Apuntes de Rosa Duarte y la correspondencia de Duarte son las fuentes principales de donde se extrae la esencia del pensamiento duartiano. Es de esta esencia, precisamente, de lo que se ocupa el texto que ahora se reproduce: La ideología revolucionaria de Juan Pablo Duarte, del historiador e investigador social Juan Isidro Jimenes Grullón. Dicho texto fue publicado originalmente como parte del libro Duarte y la Independencia Nacional (Ediciones INTEC, Santo Domingo, 1976); una edición separada fue hecha por la Lotería Nacional, en 1984, y dos últimas ediciones realizadas por la Fundación para la Educación y el Arte (EDUCARTE), una en febrero de 2003 y la otra en noviembre de 2006.

El autor persigue presentar una imagen del Padre de la Patria con una perspectiva distinta a las de otros autores como Pedro Troncoso Sánchez, Joaquín Balaguer y Emiliano Tejera. Jimenes Grullón enfatiza como fundamental, en la formación ideológica de Duarte, la influencia de distintas corrientes del pensamiento: socialismo, liberalismo, romanticismo y nacionalismo, que recibió durante su permanencia en Europa en la década de 1830.

Las dos últimas doctrinas señaladas fueron las que influyeron decisivamente en la integración de su ideología revolucionaria. Cabe destacar, como lo hace el autor, que el nacionalismo de Duarte estuvo penetrado del liberalismo, que era una corriente política en función de la defensa de las libertades democráticas
de la época.
Para Jimenes Grullón es incuestionable el hecho de que «de la prédica de ese nacionalismo radical nació nuestra República». El haberlo pensado, sentido y enseñado constituye la mayor gloria del prócer.

Dentro de los apéndices señalamos «El Proyecto de Ley Fundamental», el «Testimonio de la honradez del patricio» y un fragmento extraído de «Apunte para la historia de la isla de Santo Domingo y para la biografía del general Juan Pablo Duarte», que se encuentran dentro del libro Apuntes de Rosa Duarte. El primero y el último de estos documentos aparecen citados por el autor
dentro de la presente publicación. Algunas de las ilustraciones presentadas en el texto fueron extraidas del libro La Faz de Duarte de Julio Portillo.
Jacqueline Abad Blanco



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domingo, 13 de enero de 2019

MÁXIMO GÓMEZ A CIEN AÑOS DE SU FALLECIMIENTO-EMILIO CORDERO MICHEL-pdf descarga gratis


Máximo Gómez

Recuerdos. Páginas
dedicadas a mi hija Clemencia


A tí, hija amada de mi corazón. A tí, pedazo de mi alma, amor de todos mis amores y esperanza de mi vida. A tí, hija mía, dedico estas líneas que aprenderás como una oración y guardarás en tu memoria como un recuerdo sagrado. Léelas tú, y haz que tus hermanos las lean, para que tú y ellos sepan cómo y dónde nací, algo de lo mucho que he sufrido, y sepan también a quiénes les debemos un favor, porque quiero que desde la infancia aprendan a pensar, sentir y agradecer.

Hay deudas en la vida de los hombres que jamás acaban de pagarse, y es preciso que los padres las leguen a sus hijos: y cuando tu mano amorosa cierre mis ojos sin luz, porque haya caído para confundirme con el polvo de los demás, a tí y a ellos tocará honrar mi nombre y mi memoria con la gratitud hacia nuestros bienhechores -yo habré desaparecido de la escena de los vivos.

Esos amigos, también pueden abandonar este mundo mentiroso y falaz, pero quedarán sus hijos, justos acreedores para recoger el fruto que sus padres han sembrado.



MÁXIMO GÓMEZ


EMILIO CORDERO MICHEL 

MÁXIMO GÓMEZ A CIEN AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

En ocasión de conmemorarse el 17 de junio de este año el centenario del fallecimiento de Máximo Gómez, el director del Archivo General de la Nación decidió conmemorar esa luctuosa efemérides con la publicación de este libro.

Para tales propósitos, en mi calidad de editor he seleccionado, además de ocho trabajos del propio Máximo Gómez, quince de otros autores dominicanos, tres de cubanos incluyendo a la hija del Generalísimo, María Clemencia Gómez Toro, y uno del educador, independentista y antillanista puertorriqueño Eugenio María de Hostos. Además, al [mal he recogido algunas de las noticias de prensa aparecidas en el periódico Listín Diario y cierro la obra con una pequeña sección iconográfica.

Escogí esos ocho trabajos de Máximo Gómez porque considero que son los más representativos de todo lo que escribió en su agitada vida y porque evidencian su pensamiento social, sus concepciones revolucionarias y su profundo amor hacia los sectores explotados de la sociedad colonial cubana. De esas siete exposiciones del Generalísimo, cinco aparecieron publicadas por primera vez en la obra compilada por su hijo Bernardo Gómez Toro titulada General Máximo Gómez y Báez. Revoluciones ... Cuba y Hogar, editada en La Habana en 1927,volumen que ha sido reproducido en Cuba infinidad de veces y que aquí yo sugerí publicarlo, al celebrarse el sesquicentenario de su nacimiento en el 1886 y realizarse la XIV Feria Nacional del Libro "Prócer Máximo Gómez", reimpresión que estuvo a mi cargo y que prologué. Los otros tres escritos han sido reproducidos de publicaciones cubanas, particularmente del historiador Salvador Morales Pérez y del Instituto Cubano del Libro. Cada uno de estos siete trabajos, así como los diez y nueve restantes, tiene una nota al pie de la página en que comienza señalando la fuente de donde fue extraído o si eran inéditos.

Presentar, aunque sea brevemente como en esta ocasión, algunos de los ensayos y escritos de Máximo Gómez no es tarea fácil porque él es más conocido por sus actividades bélicas que por las literarias. Muy poco se conoce de su pensamiento revolucionario y humanista, de su sensibilidad social que lo llevó a hacer suyas las demandas de libertad y justicia social de las masas hambreadas y desposeídas y a profesarles una insondable adhesión mientras, por el otro lado, sentía un rabioso desprecio hacia los ricos, hacia los poderosos dueños de los medios de producción de la sociedad de Cuba. Ése es el Máximo Gómez que ofrece una faceta ignorada de su extraordinaria personalidad en los siete trabajos -algunos muy breves- que se reproducen en esta obra con la que se le rinde homenaje de recordación.

Debo aclarar antes de continuar, que en todos los trabajos y ensayos incluidos en este libro, absolutamente en todos, se ha respetado la versión de su autor, su estilo y forma gramatical y que solamente me he tomado la libertad de separar ciertos párrafos excesivamente largos y de emplear, en algunos casos, cursivas en las citas mencionadas en los mismos, En dos o tres oportunidades ante algún dato confuso o errado, no lo he tocado y al pie de la página he colocado una nota del editor para aclararlo.

En el primer trabajo de Máximo Gómez, Notas autobiográficas, 1 redactadas cuando en octubre de 1984 trabajaba la tierra en su [La Reforma, ubicada en Laguna Salada, Guayacanes, Monte Cristi, y junto a Martí preparaba la fallida expedición de Fernandina, es en el que manifestó su sentimiento humanitario y compenetración con las aspiraciones del ser que más sufría y era explotado en Cuba: el negro esclavo. Fue en esa oportunidad que declaró que "acepté al principio la revolución para buscar en ella la libertad del negro esclavo" y aseguró que fue a combatir a Cuba por su independencia contra España porque creyó "que peleaba por la humanidad".

El segundo trabajo, Recuerdos. Páginas dedicadas a mi hija Clemencia, fue escrito en Tegucigalpa, Honduras, cuando Máximo Gómez residía junto con su familia en ese país centroamericano, invitado por el presidente Marcos Aurelio Soto para organizar el ejército hondureño. En parte, estas Páginas completan sus datos autobiográficos ofrecidos anteriormente, especialmente los relativos a su vida y participación en la Batalla de Santomé y algunas de sus posteriores experiencias y peripecias en Cuba durante la Guerra de los Diez Años.

En el tercer trabajo, El viejo Eduá o mi último asistente, igualmente redactado en La Reforma en julio de 1892, ensayo en el que mostró su ternura y amor hacia los hombres, es probablemente el más humano y hermoso de sus escritos. Ello así porque a Eduardo (Eduá), viejo esclavo negro de 60 años a quien, según sus palabras, "la libertad le alcanzó demasiado tarde, " le agradeció tanto que le sirviera por varios años como ordenanza, que se lo dedicó perpetuando su nombre.

https://drive.google.com/file/d/1jrIJpR-pg22wSvgRqYiD-KFVaGdctXGi/view?usp=sharing

miércoles, 9 de enero de 2019

Historia de la caricatura dominicana. Tomo I. José Mercader, pdf descarga gratis

Para entender la importancia de la caricatura, tanto la dominicana como la hecha en otras latitudes y en otros tiempos, habrá que comenzar a asimilar que se trata de uno de los géneros periodísticos más incidentes, cáusticos y burlescos que se haya tenido jamás a disposición de los medios.
José Mercader, uno de los principales cultores de la caricatura y en diseño alternativo, tuvo la idea de producir un libro (que tendrá varios tomos pero que ahora solo sale el primero) para presentar la historia mundial y local de este modo de expresión, uno de los de mayor impacto dada la facilidad y gracia con que llega su código gráfico, el innato deseo de todo el mundo de ridiculizar a personajes que no son de su agrado o de exaltar a quienes sí lo son, mediante un tipo de gráfica amigable, simple, de trazos que sugieran sus características.

El libro


Pese a que Mercader, mucha gente lo tiene como “un artista inoconoclasta, informal y rebelde”, en este ensayo evidencia una formación intelectual suficientemente sólida como para embestir la tarea de presentar la historia del género desde sus orígenes  en el antiguo Egipto, transitar junto a la historia de la Humanidad, pasar por el Renacimiento y la Edad Media y llegar a la Edad Moderna, para centrarse en el origen del género en  República Dominicana.
Evidencia Mercader un férreo y estricto sentido de investigación, al  presentar una relación de nombres y obras en caricaturas que recorren desde antes de la






conformación de la República Dominicana, periodo en que se destaca el español José Alloza Villagrosa, quien retrata los personajes de la intervención haitiana y los aprestos de independencia y restauración y quien deja ver su racismo, al presentar con características simiescas a todos los negros, incluyendo al general  Pedro Santana. Mercader logra probablemente el mejor d e los libros sobre la caricatura dominicana, con el apoyo de la Dirección General de Aduanas y el Archivo General de la Nación.

Un Apunte

Exagerar es la clave

Caricaturizar es extremar rasgos y características, procurando dejar pistas para reconocer el personaje. Mercader, Harold Priego, Cristian Hernández, Gimbernard,  Yoryi Morel,Eduardo Martos Díaz, todos quedan prendados de esta exigencia gráfica.






https://drive.google.com/file/d/1Jz_Lv111uPjMoj0INNW19VzgMiCdHwHV/view?usp=sharing

jueves, 27 de diciembre de 2018

La tierra está bramando -(Novela)- Hilma Contreras, pdf, descarga gratis


La Tierra está bramando, la autora se apropia de un itinerario de “viajes hacia adentro” como respuesta a la identidad aparentemente enmudecida del sujeto femenino, cuyos fragmentos discursivos trazan la metáfora de la huída, para escapar de un sistema político de dolor irreparable.
 
Este texto narrativo trata una realidad literal de confinamiento. Eugenia, en medio de monólogos confesionales, resquebraja para sí misma la soledad, el encasillamiento genérico, y un destino
ineludible, víctima de una agobiante dictadura.
Contreras a través de esta novela de amor, fisionada en un presente de incertidumbre, instaura desde el exilio de la utopía, un bildugsroman para recuperar palabra por palabra la autorrealización fallida, desenmascarando los escindidos territorios del silencio impuesto.
La historia que rodea la vida de la protagonista, obviamente, es la de muchas otras mujeres que no asimilaron a la sociedad dominante de su época ni las estructuras del poder patriarcal. Por tanto, su elección fue la angustia existencial y la rebeldía en medio de una fisura de la memoria o la “normalidad” represiva. Se ambienta en la época de la dictadura de Trujillo (1930-1961)

Fuente: Patxi z, Usario y miembros de Yahoo, Respuestas.


 HILMA CONTRERAS

Nació en San Francisco de Macorís el 8 de diciembre de 1913 y murió el 15 de enero de 2006. Hija de la Sra. Juana María Castillo y del Dr. Darío Contreras, primer cirujano dominicano especializado en ortopedia y precursor de esa especialidad en el país, por lo cual el principal hospital de traumatología lleva su nombre.

Fue la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Literatura en el 2002, hasta ese momento otorgado solo a escritores varones. Nunca casó ni tuvo hijos. Su redescubrimiento literario se atribuye a Manuel Mora Serrano. Fue la primera mujer en hacer literatura con un marcado acento de género, en el cual destacaba las condiciones de sometimiento social, legal y afectivo de las mujeres. Alfabetizada en Paris, cursó allí estudios de las lenguas francesa e inglesa, de literatura y arqueología; aunque regresó en el 1933 al país, pasaba vacaciones en su pueblo natal y en Santiago, donde transcurrieron algunos años de su infancia.

En 1937 y alentada por Juan Bosch, comenzó a escribir cuentos que fueron publicados en diferentes diarios, especialmente en la Información, de Santiago. Publicó dos volúmenes de cuentos: 4 Cuentos (1953) No. 3 de la Colección La Isla Necesaria y El Ojo de Dios, Cuentos de la Clandestinidad (1962) Colección Baluarte, Ediciones Brigadas Dominicanas, y uno de ensayo: Doña Endrina de Calatayud (1952). Además, La Tierra esta Bramando (1986), novela corta.

Tiene inéditas: “Pueblo Chiquito” (Ficción y realidad), “La Carnada” (cuentos de relatos de ayer) y “De aquí y de Allá”, apuntes. Entre dos Silencios (1987), y Facetas de la Vida (1993) hecha por la autora del material que atesora sin ser recogido en libro, salvo, La Ventana, que apareció en 4 Cuentos. En el 1993 se publicó el libro Hilma Contreras: Una Vida en Imágenes, bajo la coordinación editorial de Ylonka Nacidit-Perdomo. Estos textos no se parecen a nada de lo producido hasta ahora en nuestra literatura.

Hilma Contreras es, realmente, una maestra del relato breve y una artífice del cuento psicológico. Imposible de encasillar en “ismos” o tendencias, su escritura es clara, tersa, su lenguaje moderno y sin embargo, sus cuentos hacen pensar y cautivan, no solo por la plasticidad lírica sin excesos, sino por su dominio de la técnica narrativa que va, desde la tensión dramática y el detalle trágico, hasta la sorpresa final que desconcierta o remansa lo narrado. Por su conocimiento del suspenso y su experiencia humana de la soledad, – en el libro Entre dos silencios – se pone de manifiesto la auténtica revelación de nuestra premier cuentista.
amás hay mas de dos o tres personajes en conflicto, como manda la buena tradición del género, y a pesar de sus vividuras y vivencias en Europa (reflejadas en costumbres como la del portero), la mayoría están ambientados aquí y en algunos casos (Ahora Seremos Felices) en la aldea, con sabrosos criollismos. Es, ante todo, una escritura urbana, no-solo por la limpieza de su léxico y el gran pudor con que trata escabrosos temas sexuales y describe intimidades, sino por la altura de su bien decir y por la economía de medios expresivos y, como dije, por la gran modernidad conseguida a través de su maestría narrativa.
Sueños que son auténticos delirios oníricos, frustraciones humanas, locuras, humillaciones, hermosos perdones, poemas de la soledad, pecados absurdos, de esos materiales están hechos estos cuentos de fuego y muerte, de abandono y tristeza, que, sin embargo, descansan en una simpatía por el ser humano y una visión del porque somos tan frágiles y de cómo la vida esta llena de pequeños olvidos y recuerdos.
Hilda Contreras, al encantarnos y cautivarnos en el libro Entre Dos Silencios, que yo hubiera titulado “Entre los Sueños”, nos deja, al final de su lectura, como quedamos muchas veces luego de una pesadilla: maravillados y consternados al saber que tanto lo onírico como lo real pertenecen al mismo territorio de nieblas: la existencia humana.

Fuente: Contreras, Hilma. Entre dos silencios. Santo Domingo : Taller, 1987.129 p.


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domingo, 23 de diciembre de 2018

La cocina Dominicana - Ligia de Bornia


Acabo de recibir un libro sorprendente, apostillado por fina dedicatoria. No es una novela ni una amalgama de versos. Su titulo "La Cocina Dominicana", lo dice lodo concretamente. Confieso que el amable envío de esa obra me produjo cierta inquietud porque yo, gracias a Dios, no tengo aficiones, ni aptitudes de ama de casa y pertenezco a la vieja generación bohemia de los que no podían rendir frecuente culto, no por falta de ganas sino de dinero, a la prosaica, pero imperativa, necesidad de mantener el espíritu alimentando al estómago.

Por primera vez, la bibliografía dominicana señala la aparición de un libro excepcional, en el que todo es extraordinario, de tal suerte que sería difícil hallarle parangón a esta obra entre las de su género publicadas en cualquier Otro país del mundo. El volumen consta de 450 páginas o gran formato, primorosamente impreso y encuadernado en la Editora del Caribe y su autora, la señora Ligia de Bornia, dama distinguida de Santiago de los Caballeros, demuestra, además de su pleno conocimiento de las materias de que se trata en su libro, insospechadas virtudes tipográficas, puesto que nos dice que ella misma ha corregido y guiado su obra.

Cocinar es un Arte, nos recuerda Ligia de Barnia, en las "Palabras Preliminares" que sirven de prólogo, introito o prefacio a su extraordinario publicación. En efecto existe un Arte Culinario, como otro Poético, o Escultórico o Musical. Axioma triste es. Como anotamos al principio que resultaría imposible la vida humana sin la primera de dichas Aries, mientras que se puede subsistir. y hasta con mayor sosiego, sin que las demás pongan inquietudes y preocupaciones en nuestra alma.

Muchos libros de cocina se han publicado, y sabido es que los franceses marchan a la cabeza de esa literatura gastronómica que tiene acaso más adeptos que la simplemente espiritual. He hojeado algunos de tales obras, porque todo libro inspira, por lo menos curiosidad. Puedo decir; sin eufemismo, que jamás vi ninguno tan completo en ese orden, ni que abarque, coro tan singular acierto, ideas tan afines al tema central de la obra.

Ligia de Bornia, ha tenido la inteligencia, y la oportunidad de hacer que "La Cocina Dominicana", sea además de un recetario que asombra por su extensión unas cuatrocientas fórmulas un verdadero e interesante Tratado de Economía Doméstica y de Urbanidad Social. Explica y detalla. meticulosamente, todos los utensilios que se emplean en la cocina y cómo y de qué manera han de utilizarse. Dicta normas sobre el comportamiento que se ha de seguir en la mesa, en donde recordaremos que dice un refrán que se distinguen las personas educadas de las que no lo son. Hace también, una especificación del Valor Nutritivo" de los alimentos y de sus calorías y poder vitamínico. por lo que no hay error en decir que es, el de Ligia de Bornia, un libro con ribetes de ciencia médica.

De manera original, nos ofrece "La Cocina Dominicana" un "Balance en los Sabores", otro en el "Valor Nutritivo" y otro en los colores de los condimentos, y en su pasmosa amplitud abarca hasta el desarrollo del trabajo de las sirvientas, dentro de la corrección social. Sus recetas incluyen desde una variedad de "Cóteles" exquisitos, a los entremeses y las comidas, finalizando en un sabroso conjunto de postres variadísimos.

Para los que, mal informados, creyesen que la Cocina Dominicana, es de cortos recursos y casi se limita al sancocho, los fritos verdes y el arroz con habichuelas, el libro cuya reciente aparición comentamos es un sensacional descubrimiento. A través de sus bien presentadas página..., se da uno cuenta de que los conocimientos clásicos o típicos de este país, teniendo como punto comparativo Su población, son, proporcionalmente, más numerosos que en las demás naciones. Declaro en primer lugar, mi sorpresa, por este develamiento, y felicito a Ligia de Bornia por su inventiva gastronómica, puesto que muchas de tales recetas son creación suya.

"La Cocina Dominicana", merece, y debiera, servir de texto., en los Liceos femeninos de esta República que sabe conservar sus gloriosas tradiciones hogareñas.

Las mujeres cristianas, necesitan, sobre todo, que se las eduque para el hogar, como aquí se hace, y el libro de Ligia de Bornia, a la que no tengo el honor de conocer personalmente puede contribuir mucho a esa formación que, cuando es completa, logra la felicidad de los matrimonios, tanto como la falta de preparación doméstica influye para destruirlos.

En ninguna casa de familia, debe faltar el excelente libro al que dedicamos estas alabanzas. Véalo usted, señora, antes de adquirirlo, si quiere, para cerciorarse de que le interesa y lo necesita.

Es un deber moral difundir la obra de una autora dominicana que contribuye, tan juiciosamente, a la educación casera de las jóvenes que han de saber cumplir su elevada misión en la Tierra. Que no es la de ser esclavas, sino dueñas de su hogar; ni ser tampoco, exclusivamente, cocineras de sus maridos y de sus hijos; sino señoras preparadas a todas las contingencias de la vida conocedoras de un noble oficio del que depende, en ocasiones, la felicidad de su gente y la propia. Pues hasta para mandar hay que saber lo que se manda. Y, en resumen, no hay poesía más bella, para un hombre de bien, que la que escribe en su hogar, aún a riesgo de desteñirse sus uñas maquilladas, la mujer que ejerce Su apostolado de sacerdotisa de la Religión de la convivencia cristiana: sin la cual toda unión es insoportable.

Fuente: Sixto Espinosa Orozco

(Tomado del Periódico "EL CARIBE")


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