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Escritos: Revista Cultural

sábado, 3 de noviembre de 2018

Alma adentro. Obra poética completa 1939-1976, Carmen Natalia, pdf descarga gratis


No me sería difícil alegar en el presente caso, que estos poemas llegan una vez más a mis manos, a través de una de esos seres a quienes el hada madrina otorgó el dominio absoluto sobre los poetas del mundo y en quien el más vago deseo se convierte en autoridad indeclinable y en decreto amoroso. Aunque en verdad, no es de hoy y, desde luego, sin la menor pretensión de anticipar, interpretar o patrocinar su camino profesional, que yo he querido hablar de Carmen Natalia en su poesía. Y es cierto que hasta ahora no se me había presentado la oportunidad ni se me había otorgado el derecho ni había sido necesario. Insisto en que en estas circunstancias un poema se comporta mejor que la más galana prosa, que es un ámbito más puro para decir lo que se quiere o se siente y que llega más directamente, más íntegra y plenariamente, a donde debe llegar. Si hemos de prestarle atención todavía a Oscar Wilde, sólo el arte puede explicar el arte. Y por eso este es un prólogo que debe tener un carácter estrictamente confidencial.

Carmen Natalia procede también de Macorís del Mar como Ligio Vizardi. a quien se debe ese lírico sobrenombre, olvidado tal vez que es el río y no al mar el que, según una vaga leyenda, otorga el don de la poesía a los niños que lloran sobre sus aguas. Es al Higuamo y no al Caribe a quien los dominicanos deben los Delignes, los Bermúdez, incluyendo a sus nietos, los Domínguez Charro, los Catón Arce, los Vizardi y algunos poetas menores entre otros mayores. Carmen Natalia debe haber vertido alguna lágrima infantil sobre estas aguas porque, aunque nació en un hogar favorecido, su niñez discurrió en unos jardines que cultivaba su abuelo Don Rolando precisamente junto a la orilla y han debido ser del Higuamo las aguas de su jardín. Con lo que queda demostrado que basta una sola lágrima infantil y una sola gota del río para producir el milagro…

Para la poesía de Carmen Natalia se abrió una tremenda disyuntiva. O se convertía en la voz de los pueblos oprimidos. O en el abanico de los grandes opresores. El primer camino le prometía la conspiración del silencio, la pequeña gloria de los pequeños amigos, la proscripción de las antologías y de las editoriales, la indiferencia abismal de las columnas y las calumnias periodísticas y el desdén de los críticos más acreditados así como el temor de los menos acreditados. De paso, la dificultad del pasaporte y la inscripción en las listas de los enemigos públicos, la soledad y la miseria con todos sus encantos. Carmen Natalia, y muy razonablemente, no se decidió por ese camino feo.

Pero tampoco se decidió por el otro. Su poesía, no solamente no se alistó en el ejército del absolutismo imperial, sino que consagró sus voces más puras a glorificar a los patriotas que se inmolaban en la lucha contra la tiranía dominicana. De este momento es lo más gallardo, permanente y formidable de su canción. Sus versos volvieron a andar de boca en boca. Su nombre fue otra vez cesado como en los días de su niñez por las madres conmovidas. Otra vez, aunque en una nueva dimensión y en una nueva época, su nombre retumbó en esa gran caja de resonancia que es la nacionalidad satisfecha y adoptó la posición de los grandes vuelos por los dominios de la posteridad.

Si ese es el destino final de su gran poesía, no es cosa de establecerse en términos de páginas. Los pueblos suelen ser caprichosos con sus poetas. Sucede que, cuando por fin concluyó la naturaleza unipersonal del régimen gobernante en nuestro país, la poesía de Carmen Natalia, sin que se sepa por qué, volvió a emigrar. Carmen Natalia se disipó en algún destino diplomático y su voz robusta, su voz clara, su voz genuina hizo uno de esos inmensos calderones que dejan en suspenso la gran victoria de las sinfonías. Era el momento en que el pueblo se sumergía con mayor ardor en el rescate de sus objetivos democráticos, para .establecer en el país la atmósfera nacional. La ausencia de Carmen Natalia era sensible. Era casi una pérdida. Y algunos lloraron en silencio …

Acaso a eso se debe que sean necesarias estas palabras. A Carmen Natalia corresponde en nuestro país un lugar muy elevado entre los grandes cantores de la patria. Poco debería importarnos que en la voz de los grandes poetas haya grandes silencios y tal vez grandes ausencias en todos los espacios. Lo que de un poeta quedará para la posteridad y como ejemplo de las generaciones venideras, no son sus momentos de eclipse, sino sus momentos de grandes fulguraciones. Aunque la vida es siempre una explicación, una constancia y una garantía de la obra, lo único que reserva a los hombres un lugar de consagración eterna en la memoria de los pueblos es la obra. Y en esto los pueblos son inmensamente comprensivos. Sólo rescatan para su consumo épico y para sus epopeyas nacionales, la sangre más pura y más caliente de sus poetas. Yo creo, y esto lo puedo suscribir con mi firma, que en la poesía de Carmen Natalia circula esta sangre con tal pureza y tal temperatura. Y que no está lejano el día en que su poesía y ella misma, con todo lo que en ella hay de alegre y de fuerte, de inteligente y de humano, transite entre las manos del pueblo con cintas de colores y cuentas de música. Porque nuestro pueblo es, como todos los pueblos, generoso y comprensivo con sus poetas. Y más si son sufridos. Y más si su lira suena mejor cuando la pulsan los prodigiosos dedos de la época. y más si, como ocurre con los versos de Carmen Natalia, por encima de la voluntad de los unos y los otros, y tal vez de ella misma, el pueblo sonoramente canta en ellos, más allá de sus eventuales tiranías, en la dirección de sus anhelos históricos y sus necesidades supremas.

ENVIO:
Carmen Natalia, canta! El destino y el río en cuyas orillas se meció tu niñez te impusieron la misión de entregar tu voz a millones de seres a cambio de una gloria imperecedera y algunos sufrimientos. Es tu destino. Pero es también el destino de tu pueblo. Y es la fuerza invencible de los dos.

PEDRO MIR.



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