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Escritos: Revista Cultural

sábado, 28 de diciembre de 2019

De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial.-Juan Bosch, pdf descarga gratis


Primero vamos a realizar algunas aclaraciones y consideraciones sobre el título de la obra del “Presidente en la frontera imperial”, como lo denomina el destacado documentalista dominicano René Fortunato, en su último trabajo que acaba de realizar sobre Juan Bosch. Aunque pueda parecer intrascendente, debemos de aclarar que el título que su autor le dio al libro –lo cual nos consta, por haber estado muy cerca de él, primero cuando lo escribía en Benidorm, y después cuando concluyó los arreglos finales en París para que entrara en imprenta, a mediados de 1969– fue el de “El Caribe, frontera imperial”. Y lo hizo así porque con dicho título se expresaba de una manera sencilla la tesis sostenida y desarrollada en la obra, como podrá comprobar el lector.
Pero la editorial Alfaguara de España, que fue la que primero lo publicó en 1970, le sugirió modificar el título, por el que todos la conocemos hoy día, De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial.

De manera que el título que originalmente le dio Juan Bosch, quedó como subtítulo de la obra. Y lo cierto es que fue un gran acierto de los editores, por varias razones.

En primer lugar, –con esa indiscutible visión de la mercadotecnia que tienen las editoriales para atrapar al público lector– en este caso anteponiéndole los nombres propios de esos dos personajes históricos, Cristóbal Colón y Fidel Castro, se lograba, sin lugar a duda que la obra llamara mucho más la atención; además, queda perfectamente delimitado, en términos del espacio-tiempo, lo que en metodología se denomina el universo de investigación.

En segundo lugar, porque cuando se lee la obra, es a esa conclusión a la que llega cualquier lector, que el estudio abarca desde Cristóbal Colón hasta Fidel Castro; pero además de ello, es el mismo autor que lo señala en la segunda página del primer capítulo, “Una frontera de cinco siglos”, cuando plantea lo siguiente a manera de síntesis de toda una explicación que viene desarrollando de cómo hay que estudiar la historia del Caribe: “Si no se estudia la historia del Caribe a partir de este criterio no será fácil comprender por qué ese mar americano ha tenido y tiene tanta importancia en el juego de la política mundial; por qué en esa región no ha habido paz durante siglos y por qué no va a haberla mientras no desaparezcan las condiciones que han provocado el desasosiego. En suma, si no vemos su historia como resultado de lo que ha sucedido en el Caribe desde los días de Colón hasta los de Fidel Castro, ni será posible prever lo que va a suceder allí en los años por venir” (p. 8). De tal manera que la Editorial Alfaguara lo único que hizo fue retomar lo planteado por el mismo autor en uno de los capítulos del libro.

El tercer acierto de la editorial, con toda seguridad que sin proponérselo, es que al anteponer los nombres de esos dos personajes históricos que le dan título a la obra, estaba señalando a quienes en realidad podemos considerar, de manera simbólica, como especie de puntas, o cabezas visibles de dos enormes icebergs opuestos. De un lado, Cristóbal Colón, representando a centenares de personeros, civiles y militares, de los distintos imperios que a lo largo de cinco siglos llegarían a someter a los pueblos del Caribe, cometiendo tropelías de todo tipo. No tiene caso hacer un listado exhaustivo de los mismos –al menos en este momento–, pues nos llevaría varias páginas, pero no podemos dejar de mencionar por lo menos a algunos de los más connotados, aunque apenas constituyan una insignificante muestra –algunos por su arrojo y valentía, otros por su carácter sanguinario, en tanto que representantes de los imperios–, como son los conquistadores Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, y Pedrarias Dávila, conocidos por todos; el temerario Lope de Aguirre (1510-1561), quien sigue siendo símbolo del terror en Venezuela. “Todavía hoy en Venezuela se asusta a los niños diciéndoles que “ahí viene el tirano Aguirre” (p. 184); los piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros e invasores, Exquemelín, autor del célebre Los piratas de América, Francis Drake, John Hawking, William Penn y Robert Venables, mejor conocidos como Penn y Venables, estos últimos enviados por Oliverio Cromwell (1599-1658); Henry Morgan, el pirata que destruyó Panamá en 1671; Víctor Emmanuel Leclerc, el invasor de Haití, cuñado de Napoleón, y marido de Paulina Bonaparte (1780-1825); Maximiliano de Habsburgo, enviado por Napoleón III a apoderarse de México; Williams Walker (1824-1860), el funesto filibustero norteamericano que llegó a proclamarse presidente de Nicaragua; William Howard Taft (1857-1930), quien se proclamó gobernador de Cuba en 1907, y posteriormente fue elegido Presidente de Estados Unidos, cargo del que tomó posesión en 1909, y envió miles de marines a Nicaragua; el almirante Caperton, jefe de las fuerzas de ocupación estadounidense en Haití, en 1915; el Capitán H.S. Knapp, quien dio la proclama oficial de la ocupación militar estadounidense de 1916, para señalar sólo algunos de los más connotados aventureros intervencionistas –incluyendo por supuesto a ciertos jefes de Estado– que se lanzaron o autorizaron el envío de tropas de ocupación a diferentes países del Caribe.

Del otro lado está Fidel Castro, representante de la resistencia al poder imperial, que desde el mismo siglo xv y principios del xvi se enfrentaron a las tropas españolas, así como a los enviados de los demás imperios que llegaron a arrebatarles sus tierras, abusar de sus mujeres y familiares, o a someterlos al dominio colonial o neocolonial.

Tampoco vamos a hacer un listado minucioso de los mismos, por las mismas razones antes señaladas, pero cabe mencionar al menos a algunos de ellos, como los indígenas de Quisqueya, Caonabo, y Enriquillo; este último quedaría inmortalizado por la novela del mismo nombre, de Manuel de Jesús Galván (1989), una obra clásica en su género, cuya primera edición data de 1879, y mereció un prólogo de José Martí, además de haber sido traducida al menos al inglés y al francés; el también indígena, el célebre José Gabriel Túpac Amaru, bajo cuyo liderazgo se realizó la memorable rebelión que lleva su nombre, iniciada en 1780 en el Virreinato de Perú, y que muchos historia-dores consideran como la precursora del movimiento emancipador de América Latina.

Pero no nos alejemos del Caribe. En dicha región se destacan, como adalides de la resistencia contra el poder imperial, Simón Bolívar, El Libertador; José Martí, el Apóstol cubano; Eugenio María de Hostos, el prócer puertorriqueño; Máximo Gómez, el invencible general –de origen dominicano– en la guerra de independencia cubana; Marcus Garvey, el prócer anticolonialista de Jamaica; Franc Fanon, el antillano teórico del anticolonialismo, luchador y héroe de la liberación nacional de Argelia; Anton de Kom, el incansable luchador antiesclavista y anticolonialista del Caribe de dominación holandesa; Toussaint Louverture, “el primero de los negros y una de las más grandes figuras de la historia americana”, como lo calificara Juan Bosch (p. 512); Gregorio Luperón, héroe de la guerra de Restauración contra España en 1863-1865, y precursor del antiimperialismo en República Dominicana; Augusto César Sandino (1895-1934), el general de Hombres Libres, quien enfrentó las tropas de ocupación de Estados Unidos en Nicaragua, a finales de la década de 1920; Charlemagne Péralte (1886-1919), líder de la resistencia popular armada, “caco”, en Haití, contra la ocupación norteamericana de 1915-1934; Gregorio Urbano Gilbert (1898-1970), quien con apenas 17 años combatió las tropas estadounidenses en República Dominicana, en 1916, años después formó parte del Estado Mayor de Augusto César Sandino en Nicaragua y décadas más tarde volvió a enfrentarse a las tropas de ocupación en República Dominica-na en 1965; y el coronel Francisco Caamaño Deñó (1932-1973), líder de la resistencia armada y popular contra la ocupación militar de Estados Unidos de 1965 en la Patria de Juan Pablo Duarte y de Bosch. Después del triunfo de la Revolución haitiana (1791-1804), ha sido la Revolución cubana de 1959, la que ha realizado el mayor desafío –y con mayores éxitos, por supuesto– a los poderes hegemónicos en la frontera imperial del Caribe.

Pablo A. Maríñez


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