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Escritos: Revista Cultural

martes, 26 de febrero de 2019

EL MITO DE LOS PADRES DE LA PATRIA (DEBATE HISTORICO)- JUAN ISIDRO JIMENEZ, pdf descarga gratis



El Duarte auténtico

Escribir o inquirir la verdad acerca del Pater Noster nacional puede considerarse una herejía en el país que él ideó. Juan Pablo Duarte, perseguido, repudiado, vejado, vilipendiado, amenazado con ser pasado por las armas, condenado como traidor a la Patria, advertido, conminado, execrado, desterrado, olvidado, aún no ha sido comprendido y desentrañado por los dominicanos. Se fabula sobre él y se llega a tratar como un ser abstracto, etéreo, asexuado, célibe, estéril, indiferente ante las pasiones humanas; como un santo de altar. Hasta se ha comparado a nuestro Apóstol con el Mártir del Gólgota. Se ha llegado al colmo de negar que alguna vez conociera mujer y se asegura que no tuvo descendencia porque faltan documentos probatorios, ignorando expresamente que sus documentos personales fueron incinerados por un pariente cercano y los que aparecieron fueron manipulados por manos extrañas. No se ponen de acuerdo. Muchos que hacen alarde de ser fieles duartianos son, en el fondo de su alma y, en efecto, verdaderos santanistas.

Para no «pasar por la molestia» de asumir al auténtico Duarte –quien es la piedra moral en el camino de los orcopolitas– los intelectuales comprometidos tratan de exaltarlo hipócritamente en aspectos baladíes o de escaso significado. Apenas mencionan el verdadero leitmotiv de su existencia. Fantasean acerca de su fisonomía, del perfil de su nariz, del color de sus ojos, la forma de su pelo; sobre una supuesta fortuna en Venezuela. Se mofan de su afán libertario perenne, pretendiendo ridiculizarlo como un simple sueño.

No obstante, raramente mencionan su constante obsesión de que la patria fuese soberana, libre de dominio extranjero y de la ambición de los traidores, quienes, desde siempre y aún hoy, pululan en ella. Hacen abstracción de su acendrado antiimperialismo, de su afán de que nuestro territorio no fuese hollado, dominado, vendido, «protegido», anexado, abusado o destruido por fuerzas extrañas o grupos privilegiados. No se hace referencia a la profecía duartiana, empeño de toda su vida, de que se hundiría la Isla de no eliminarse las sabandijas que destruyen el país.

El Duarte auténtico debe ser plenamente conocido y reverenciado. El pueblo dominicano –poseedor de una intríseca vocación y voluntad libertaria– no merece una caricatura de su progenitor. La polémica histórica dominicana. Nuestra nación se caracteriza por tener una población en extremo paciente y tolerante. Un indicador de ello es que, durante toda nuestra historia como nación, hemos sufrido prolongados períodos bajo la férula de gobiernos despóticos e intervenciones u ocupaciones militares por potencias foráneas, cuya despiadada crueldad hemos soportado estoicamente. Hasta que, un buen día, un sector del pueblo dice «ya basta». Y entonces, de alguna manera –hartas veces heroicamente– somos de nuevo libres. Desaparecen por un tiempo esas férulas y disfrutamos de un respiro. Luego, sobreviene otro período de mano fuerte, traición y sometimiento. Y así, sucesivamente...


Mientras tanto, el sector letrado se solaza con polémicas históricas protagonizadas por gladiadores de altos kilates. Recordamos el intercambio intelectual entre dos gigantes: Manuel de Jesús Galván, autor de nuestra primera novela cumbre, Enriquillo, y el Historiador Nacional José Gabriel García, quienes entre 1889 y 1890 sostuvieron un enriquecedor encuentro epistolar acerca de las bondades e inconvenientes de la ignominiosa anexión a España que gestionó y obtuvo el general Pedro Santana, primer dictador criollo. Todos conocemos el desenlace de esa entrega de la Patria: La gloriosa Guerra de la Restauración y el comienzo de la Segunda República. Durante la tiranía de Ulises Heureaux hubo discusiones sobre quién es el verdadero Padre de la Patria: Juan Pablo Duarte o Francisco del Rosario Sánchez. El asunto se resolvió de manera salomónica, aunque arbitraria e ilógica. El tirano Lilís sentenció: “no me meneen los altares, que se me caen los santos» (sic), dictaminando que nuestros progenitores eran tres, en lugar de uno. Había creado una trilogía de patricios, siendo el tercer miembro el héroe del trabucazo del 27 de Febrero de 1844, el general Matías Ramón Mella. Desde entonces, la sociedad dominicana y los gobiernos subsiguientes han acatado ese úcase avalado por un congreso sumiso. La búsqueda de la solución sobre nuestra paternidad se revivió cuando, en 1969, el doctor Carlos Sánchez y Sánchez, bisnieto de Francisco del Rosario Sánchez, y un admirador del Mártir del Cercado, el licenciado Ramón Lugo Lovatón, autor de una voluminosa biografía del heroico personaje, removieron el asunto al responder acremente al doctor Juan Isidro Jimenes Grullón, político y sesudo analista, quien había tildado de «traidores» a dos de los alegados patricios, iniciándose un candente debate epistolar recogido por el periódico El Nacional de ¡Ahora! y la ejemplar revista ¡Ahora! El debate fue suspendido provisionalmente por el médico polemista Jimenes Grullón con la publicación de su libro El mito de los Padres de la Patria, editado en dos ocasiones por la Editora Cultural Dominicana, y que fuera acompañado por un juicioso prólogo presentado por el abogado e historiador Julio Genaro Campillo Pérez. Ambas ediciones se agotaron de inmediato, y no existen al día de hoy ejemplares en circulación.

Acogiendo insistentes solicitudes, el Archivo General de la Nación ha hecho el inteligente esfuerzo de poner, de nuevo sobre el tapete, el tema de ¿quién es el verdadero Padre de la Patria? Para que la presente generación de dominicanos pueda aquilatar los alcances y proyecciones de este apasionante asunto. El volumen que presentamos hoy incluye una reedición de El mito de los Padres de la Patria, de Juan Isidro Jimenes Grullón, y un apéndice que compendia los debates y opiniones de valiosos eruditos. Reaparecen los argumentos presentados por los mencionados admiradores de Sánchez y otros preparados por el profesor Juan Bosch, el licenciado Víctor Garrido Puello, don Máximo Coiscou Henríquez y Oscar Gil Díaz. Es significativo el hecho de que los participantes en esta discusión epistolar han fallecido lamentablemente, a excepción de don Ismael Hernández Flores, profesor universitario, quien en dos breves ensayos resumió magistralmente el alcance y la proyección de la polémica.

En esta reedición de Los mitos de los Padres de la Patria se ha actualizado la estructura de la publicación original, aun cuando en la transcripción de los textos se han respetado los diversos estilos de los autores. Hemos incluido, además, la «Presentación del autor», del Dr. Vetilio Alfau Durán, aparecida en la segunda edición.

Rendimos tributo de agradecimiento a todos ellos por habernos favorecido con sus valiosas opiniones y datos que enriquecen el importante tema sobre nuestro origen como nación. También reconocemos en su justo valor a la extinta Editorial Ahora, por habernos permitido la materialización de esta presentación.

Antonio Thomén

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